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De Palermo a Corea. Turf sin fronteras

 Punto 1. Palermo ya vende apuestas para hipódromos del exterior desde su plataforma Beturf.

Punto 2. De los ingresos generados (retención menos comisión del hipódromo anfitrión, dice una gacetilla de prensa), un 32,14% se destinará íntegramente a premios. Así presentado parece mucho, pero haciendo la cuenta fina quedará el 4 por ciento, admiten en Palermo. Menos se le pasa a los premios locales cuando la operación es a la inversa.

Mientras redacto, me pregunto a cuántos les interesa esta información. Mi respuesta es a un círculo muy pequeño del turf y a algunos curiosos, entre los que me cuento como periodista que soy. No creo que los profesionales en su mayoría, los empresarios del sector en su mayoría, los dueños de caballos en general y el público se desvelen por saber de qué se trata el negocio de Beturf internacional. O a quiénes beneficia.

El sistema comenzó el lunes de la semana pasada tomando jugadas para carreras de Sudáfrica, Australia e Inglaterra, por ejemplo, y pronto agregaron otras plazas. En la mañana de ese lunes ya había apostadores argentinos jugando para un hipódromo sudafricano del que poco se sabe, pero que resultaba lo suficientemente interesante como para despuntar el vicio. A media tarde del lunes, algo más de un millón de pesos se habían jugado para las carreras de afuera.

Será interesante identificar quién es el cliente de esta nueva propuesta presentada por Palermo. "Inicialmente pueden ser los mismos que ya juegan para el exterior desde plataformas ilegales", se dijo.

Otra pregunta es si lo que se juegue para afuera dejará de jugarse para las carreras propias. Ya se verá cómo impacta. Si se fagocitan o son dos compartimentos estancos.

El nuevo Beturf incorporará mejoras; inclusive está previsto darlo a conocer de manera más agresiva ajustando contenido. El turf en Palermo nunca duerme, podría ser un buen eslogan.

El hipódromo, cuya concesión no está demasiado lejos de vencer y ya hay quienes piensan qué pasará luego, se vende como el líder de la actividad. Según las cuentas que lleva Criadores, que le sigue el desempeño moneda a moneda, durante el primer semestre puso en premios $434.363.340 más de lo que hubiera tenido que poner; lo que no quiere decir que esté regalando plata. Hacia fin de año le sacará punta al lápiz para terminar el ejercicio 2025 aportando en recompensas lo justo que le corresponde por ley.

La posibilidad de tener los mejores hipódromos del mundo en la pantalla de un celular y apostar de manera legal se hace realidad. Hace más de 15 años ya lo charlábamos con un proveedor de carreras al mundo, tomando café en un bar frente al diario La Nación o en Rond Point, donde la palabra commingle ya estaba presente en las charlas. Era una época en la que, para jugarse una fija en Belmont Park, había que tomarse el Buquebus, cruzar a Montevideo y entrar a Maroñas Internacional. Maroñas, dicho sea de paso, tiene su propia plataforma.

Palermo ya no es sólo Hapsa. En realidad sí lo es, pero forma parte de un conglomerado de empresas que maneja el Grupo Dagma, con Federico De Achaval como presidente, padre de un intendente que pudo encabezar la boleta de la tercera sección electoral y de un ex Pumita que es un león en la empresa, cuentan.



Este año Palermo envió gente a un congreso de juego realizado en los Estados Unidos. Allí tomaron contacto con empresarios de nivel internacional. Hubo intercambio de teléfonos. Quedaron impresionados por todo lo que en ese rubro se puede progresar. Para Dagma, que invierte en agroindustria, entretenimiento, finanzas, tecnología, energía y alimentos, el turf del Hipódromo de Palermo no es su mejor negocio. En el hipódromo aseguran que pierden plata.

Dagma también es BetWarrior, la aplicación de juego on line que capta apuestas deportivas y, si se quiere, es competidora directa de las apuestas hípicas.

El negocio de la timba no es necesariamente el negocio del turf, aunque no podría desarrollarse sin el escolazo, porque de allí abreva.

Desde mi perspectiva, sumar un boleto desde aquí para las carreras de Corea o Malasia, como se podía hacer este domingo mientras se desarrollaba el programa de Palermo, no es de turfman refinado o burrero de paladar negro. No soy sommelier de apostadores, pero arriesgaría a decir que aquella es una conducta para analizarla por especialistas. 






 

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