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Si tiene cuatro patas, cola y relincha, es caballo. Para muchos, el mejor amigo del hombre

 


 La plata llama a la plata. Peter Lau es millonario. Lo era desde antes de comprar a Romantic Warrior en 600.000 euros en un remate, cerrando una operación que le reportó una fortuna extra de 37 millones de dólares, porque eso es lo que ha ganado su caballo desde que saltó a las pistas en octubre de 2021. Lo que toca lo convierte en oro: Romantic Warrior, que a sus ocho años está lejos del retiro.

 

Lau comenzó en Hong Kong con una tienda como las que aquí se conocieron como "Todo por un peso", en la época de la convertibilidad, y hoy es dueño de una cadena llamada Japan Home Centre, en las que venden utensilios de cocina, vajilla, muebles pequeños, organizadores, limpieza, papelería, regalos, artículos de baño, electrónica básica, incluso comida y golosinas. Todo a precios bajos y variado. Se calcula que el hombre tiene más de 200 millones de dólares en el banco, sin incluir las ganancias aportadas por su corcel estrella.

 

Romantic Warrior es el Messi de los caballos en Hong Kong y su zona de influencia.

 

Ninguno ganó más dinero que este irlandés en la historia de las carreras de caballos: 22 victorias, —15 de Grupo 1—, con triunfos en Hong Kong, Australia, Japón, Emiratos Árabes Unidos, etc. Actualmente, la Federación Internacional de Autoridades Hípicas lo ubica como el segundo mejor caballo del mundo, detrás de Ka Ying Rosing, pero medido por admiración, le gana por varios cuerpos al primero.

 

Cuando hablo en mis artículos de que el deporte necesita de héroes, me refiero a más Romantic Warrior, elevado a la categoría de prócer, y al efecto que suscitan.

 

Más de 32.000 personas lo vieron ganar la Triple Corona este fin de semana en Sha Tin —y no fueron más porque no entraban en el hipódromo—. Se calcula que 15 millones lo siguieron por TV o por Internet. ¿Por qué tantos? Porque Hong Kong transmite sus carreras a más de 100 países. Se ve en Australia, Inglaterra, Estados Unidos, Dubái, Japón, Singapur… Y como Romantic Warrior ya es una leyenda, toda la gente que le gusta las carreras en el planeta quería ver si lograba la Triple Corona. En Hong Kong lo aman como si fuera una estrella de cine. El negocio del merchandising hace millones con su figura. Hasta le han compuesto una canción propia.

 

Romantic Warrior es un caballo fenomenal y una de las soluciones para la industria de las carreras, pues atrae público nuevo. Gente nueva es oro en polvo. Él pone lo suyo y el deporte saca provecho de tenerlo. El soporte publicitario que lo sostiene es enorme. La centralidad está puesta en Romantic Warrior. En el Año del Caballo, ¿dónde más podría estar puesta?

 

Nosotros no tenemos un Romantic Warrior, por ahora, porque me resisto a pensar que en la tierra de Diego y Lionel no surja otro mejor del mundo. Habrá que estar preparado para aprovecharlo si llega.

 

Babieca, el del Cid Campeador; Marengo, el caballo de Napoleón; Bucéfalo, el de Alejandro Magno; Sombra Gris, el de Gandalf en El Señor de los Anillos; Silver, el tordillo del Llanero Solitario; Mr. Ed, caballo que como él no hay dos; Rocinante, el de Don Quijote; Pegaso, el hijo de Medusa… todos fueron héroes. Están en los libros de historia.

 

Si tiene cuatro patas, cola y relincha, es caballo. Para muchos, el mejor amigo del hombre.
























































































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