Palermo suspendió provisionalmente a la jockey aprendiz Ariana Spinella porque recaudaría apuestas clandestinas para distintos hipódromos, operando a través de una aplicación ilegal. Además, la citó para presentar su descargo.
Palermo montó un escenario. A partir de un funcionario propio, el hipódromo mantuvo contactos con Spinella por WhatsApp, quien promocionaba apuestas hípicas, transfiriendo 10.000 pesos a su cuenta de Mercado Pago, quedando así sellada la operación.
La aplicación en cuestión sería viranet.app , que ya fue dada de baja.
Levantar juego es un delito penal; el Artículo 301 Bis habla de: «Prisión de 3 a 6 años para quien explotare, administrara, operare, organizare o levante juegos o apuestas —físicos o en línea— sin autorización oficial de organismos competentes». De todas maneras, que yo sepa, no hay tanta gente en cana por este motivo.
Está muy bien ir contra un sistema que hace peligrar la sustentabilidad del turf, sacándole recursos también a sectores que deben beneficiarse económicamente de esta actividad, sin poner ningún pero en el medio. No debería tener ateos este asunto.
Pelearle al clandestino, desde el lapicero o el grúa —que es un perejil—, pasando por el banquero o el capo de una organización criminal montada digitalmente a los efectos de estafar a la hípica, ha sido una lucha que se ha librado con mayor o menor intensidad.
Policía distraída, jueces cómplices haciendo mal su trabajo (o muy bien para ellos) y hasta propios del sector turfístico sacando los pies del plato contribuyendo a este cuadro de situación.
Acaso de corroborarse lo de la jocketa, sea la comprobación de que el hilo se corta por lo más delgado. ¿Y lo más grueso?
Los hipódromos siempre supieron dónde estaban los pasadores, en qué mesas se sentaban, qué caballos tenían, quiénes los cuidaban. Formaban parte de un sistema hipócrita que se quejaba pour la galeríe.
No hay datos oficiales de cuánto se juega por afuera del sistema legal a las carreras; dicho de otro modo: lo que no entra en los totalizadores de los hipódromos.
En cambio, sí hay estimaciones de cuánto se pierde con las apuestas deportivas en línea. Fuentes inobjetables aseguran que el 80 % corre por aplicaciones ilegales y solo el 20 % se juega por derecha. A los sitios ilegales se los persigue con ciberpatrullaje y luego viene el proceso judicial para cerrar sus dominios en la web; los más complejos son los que tienen base en el extranjero.
San Isidro también ha promovido denuncias sobre quienes le roban la señal y se quedan con las apuestas. De hecho, existen algunas gestiones con ciertas provincias donde no se opera como se debe.
Sospecho que la lucha contra el clandestino, en todas sus variantes, hay que darla de arriba para abajo, pero lo mío no pasa de ser una opinión.
El mercado ilegal de las apuestas de caballos representa una de las grandes amenazas para la integridad de la industria.
Largo y tendido escribió la IFHA (Federación Internacional de Autoridades Hípicas) sobre la lucha contra el juego ilegal y los delitos conexos en todo el mundo.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) afirma que, anualmente, se apuestan de manera ilegal en todo el mundo 1,7 billones de dólares estadounidenses —lo que equivale a 1.700 mil millones de dólares, es decir, más de tres veces el Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina—.
Como decía Matías Martín:
«Y vos, chabón, ¿de qué lado estás?»
Comentarios
Publicar un comentario