Déjame ver. ¿Labrado, Colifato Novo y cuál más? ¿Qué otro caballo saltó últimamente la pista, rompió la cuarta pared —como dicen en el teatro— y se metió en el corazón de la tribuna? Te lo pregunto a vos, lector amigo.
Labrado corrió el otro día; perdió. Labrado ya parece estar más allá del bien y del mal, deportivamente hablando. Su mejor logro fue seducir al burrero, al que le apuesta a ganador y en contra. Labrado está definitivamente en los libros de historia.
El otro caballo atractivo en competencia es Colifato Novo. Corre el Clásico Southern Halo el domingo 10 en San Isidro, con Lautaro Balmaceda en reemplazo del accidentado Iván Monasterolo. Intentará ganar de punta a punta: es su marca registrada. Cada presentación suya es un examen; se lo mide con otra vara.
Y después de ellos, el vacío.
Need You Tonight está trabajando para meterse entre los elegidos. Mientras tanto, la nueva camada de potrillos está en pañales.
No habemus cracks como Miriñaque, acaso el tercer caballo más popular de los últimos años. Lo que me preocupa es que, sin materia prima, no podés fabricar nada para venderle al público. A no ser que quieras ofrecerle patys y sanguchitos.
Zippy Chippy fue uno de los caballos más famosos de los Estados Unidos, y no por ser un atleta extraordinario, precisamente. Su rango de estrella lo consiguió siendo un perdedor eterno. Después de diez años de intentos, se retiró de las pistas con cien derrotas consecutivas. Durante los años noventa, el público se agolpaba para alentarlo: lo amaban, llenaban las graderías y los hipódromos se peleaban por tenerlo. Poseía su propia línea de souvenirs, de merchandising.
Ellos sí que la vieron. Zippy Chippy murió a los treinta y un años en Old Friends, una granja para caballos jubilados rodeada de cariño. No se necesita ser un eximio corredor para ser admirado: con ganas y un poco de marketing alcanza.
Por aquí corría Chichipío en los años ochenta. Nunca ganó en sus casi noventa carreras, manteniendo una racha impecable de derrotas. En tiempos sin Facebook ni Instagram, tenía muchos seguidores. No confundir con su tocayo, también Chichipío, ganador clásico en serie por La Plata, con los mismos colores que Miriñaque; que, dicho sea de paso, está en el Haras Parque Patricios.
Volviendo a Labrado y Colifato Novo: los dos son caballos de la comunidad burrera, sin diferenciar por condición económica y social. Simbolizan valores como la constancia, la valentía y la dignidad, cualidades que la gente admira y por eso los elige como suyos. No son Gato y Mancha, aunque también trascienden. Quizá les falte un poco más de marketing para que rompan los muros de los hipódromos. Si se trata de conquistar público joven, en ellos hay buena carnada.

































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