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Ediorial turfístico ¿Pagan justos por pecadores?

 


El daño ya está hecho. El nuevo caso de doping con cocaina en el turf argentino pega en el corazón mismo de la integridad del deporte, más allá de que pueda ser explicado y tenga un culpable definido


Hay un daño al bienestar equino y a la credibilidad de las carreras, que soportan, todavía, un importante estigma social.


Pone al turf en la vereda de los malos; en algunos sectores se nota avidez por condenarlo. Le hace la peor de las famas. Lo desmerece, lo desacredita, maltrata su reputación.


Es la historia de un entrenador inmaculado, bicampeón, que pena por la actividad ilicita y clandestina de un peón de su stud; es la realidad de un caballo con derechos a tener una vida sana, como todos. El entrenador fue suspendido por dos años y medio cuando estaba en la cresta de la ola sin comerla ni beberla.


El caballo también fue inhabilitado para correr. El peón tiene una causa judicial abierta por tenencia de estupefacientes, no se sabe si para consumo o venta.


No es la primera vez que un caballo tiene contacto con la más popular de las drogas sociales, terminantemente prohibidas en el momento de la competencia, sea ya por suministro o contanación. 


Es un descaro vulnerar las potestades de seres sujetos de derecho, como define a los animales el proyecto de Ley Sintientes, con media sanción en Diputados que  busca dejar de tratarlos como cosas o propiedades y reconocerlos legalmente como seres capaces de sentir dolor, alegría, miedo o sufrimiento. Como perdonas no humanas los define. 


Pero volviendo al caso, aunque inocente el entrenador es garante de su equipo ante la letra fría, insensible, de un reglamento hípico que lo condena. Se aferran al texto duro. Hacer pagar a justos por pecadores no debió ser la intención de quien escribió la regla en su momento.


Repensarlo no estaría de más y si hay consenso modificarlo para adaptarlo a los tiempos modernos. Propietarios, se sabe, impulsa una revisión profunda. Se esta malinterpretando, dice, el concepto de responsabilidad objetiva en este caso.


La Gremial, seguramente, deberá expedirse. Creo que tiene algo para decir. O mucho. El protagonista también, para poner a salvo su buen nombre y honor. 


Las protectoras de animales se harían un festín con este caso. A ellas no les importa si el responsable es un trabajaor infiel o quien fuere. La noticia ha volado por debajo del radar de la prensa sensacionalista, por suerte, que siempre propone el impacto antes que investigación.


Hay indicios, (¿casi semiplena prueba?), para pensar que el doping habría sido producto de un ilicito y no de un intento por sacar ventja de manera antideportiva.


"Se está comiendo un garrón barbaro el cuidador; ni quienes lo suspendieron creen que realmente sea culpable", comentó una fuente cercana a quienes tienen ñoder de decidion en la hípica.


Notarán que en esta columna se evita dar nombres. No es omisión sino una postura editorial en este caso. 


Acaso como derivación de este caso se abra una ventana para analizar la conveniencia de crear organismos por fuera de los hipódromos a los que se les deleguen facultades de tallar en el tema dopaje y sus sanciones, logrando que los hipódromos no tengan funciones de juez y parte. Funciona en los Estados Unidos con la HISA (Autoridad para la Integridad y Seguridad en las Carreras de Caballos).

 

El bienestar de los caballos es prioridad. La integridad del deporte también.

































































































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