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Mostrar rodadas o esconderlas y la función de la prensa

 





Clarín, TN, Infobae, Crónica (el propio Don Guima), por caso, eligieron informar y mostrar el video del accidente en pista que derivó en el fallecimiento del jockey brasileño Leandro Henrique. Otros medios adoptaron igual temperamento en el exterior. Algunos, por el contrario, prefirieron censurar las imágenes, acaso en la seguridad de estar cuidando a la actividad hípica o no compartir lo que entienden como algo morboso.

 

¿Es morbo o es la realidad del deporte? Los medios no inventan la caída: la caída ocurrió, fue pública, y forma parte de la carrera. Ocultarla sería hacerle creer a la gente que el turf es solo gloria, solo triunfo, solo aplausos. Y eso no es respeto: eso es mentir.

 

Los medios que publican esas imágenes lo hacen porque es noticia. Y hay algo más profundo en juego: la prensa tiene el derecho —y el deber— de informar con la verdad completa, sin recortes ni censura. No puede mostrar solo la llegada triunfal y esconder el riesgo inherente al oficio. Esa es una información parcial, incompleta, que engaña al público sobre la verdadera naturaleza del deporte.

 

Y del otro lado, los lectores también tienen el derecho inalienable de saber qué pasa. No se les puede mantener en la ignorancia ni elegir qué pueden ver y qué no. La sociedad tiene derecho a conocer los riesgos, las condiciones, los accidentes y las consecuencias de lo que ocurre en la pista. Saber no es morbo: saber es libertad. Es la base para opinar, para exigir, para valorar realmente lo que hace cada jinete al subirse a un caballo.

 

Si borramos los accidentes de la vista pública, perdemos también la conciencia del riesgo: nadie hablaría de seguridad en las pistas, nadie exigiría mejoras, nadie cuestionaría las condiciones de la carrera. El silencio no protege a los jinetes: el silencio los olvida. La visibilidad de lo ocurrido es lo que genera solidaridad masiva, preocupación colectiva y presión para que se invierta más en seguridad.

 

No es falta de respeto mostrar lo que pasó. Es reconocer que su trabajo tiene un costo altísimo, y que el público debe saberlo, valorarlo, y exigir que se haga todo para que no vuelva a ocurrir. Esos medios no explotan la imagen: cumplen con su función de mostrar la realidad entera, para que todos sepamos de verdad de qué se trata este deporte.

 

Ahora bien: ¿deben los medios cuidar la reputación y buena imagen del deporte?


Hay quienes sostienen que el turf necesita nuevos públicos, especialmente jóvenes. Mostrar solo caídas y tragedias aleja a la gente. Muchos organismos deportivos intentan impedir que se publiquen estos materiales precisamente para proteger la integridad de los deportistas y la imagen de la actividad.

 

"Cuidar la imagen" no puede significar borrar la tragedia. El respeto no pasa por esconder lo que pasó, sino por honrarlo mostrándolo con dignidad.

 

¿Dónde está el equilibrio?

 

No se trata de mostrar o no mostrar. Se trata de cómo se muestra. No es lo mismo difundir el video una y otra vez, en primer plano, con cámara lenta para generar morbo, que informar con respeto, con prudencia, sin explotar el dolor. Informar sí, exhibir no.

 

Los medios no tienen la obligación de "vender" el deporte como si fuera publicidad, pero tampoco tienen derecho a destruirlo por likes. El equilibrio está en: verdad sin morbo, información sin espectáculo, respeto siempre.


 

















































































































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