Editorial burrero. El futuro ya llego, no sigamos perdiendo el tiempo
Se está haciendo poco y nada para atraer a las generaciones jóvenes hacia el deporte turfístico. Que haya trascendido, ningún hipódromo de por aquí festejó el Día del Niño el domingo pasado en su predio.
Hubo una época en que los menores de edad tenían prohibido entrar en las carreras; ahora que esa vetusta disposición ya no existe, los chicos, que deberían ser los burreros del mañana, siguen en su gran mayoría sin saber de qué se trata.
Hay más jubilados que adolescentes en las tribunas y con una jubilación mínima de $489.775 cada vez habrá menos. "El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos", decía el cubano Pablo Milanés, que quizás haya ido una vez en su largo derrotero al hipódromo de La Habana, cerrado en el 67.
Y digo yo: ¿alguien pensó en subsidiarle un boleto a ese burrero de toda la vida, a ese añejo habitué del paddock a manera de reconocimiento? ¿O en darle una tarjeta de fidelidad, como ocurre con los que van a las tragamonedas?
¿Alguien pensó en darle un bono para apostar una trifecta a los pibes que van al hipódromo exclusivamente para comer una hamburguesa gourmet los días de fiesta? ¿O sería sólo un parche en una pared que se cae?
La crisis de los clientes parece invisible, pero existe.
Hace 20 años en un bar ubicado frente al diario La Nación, en Bouchard y Tucumán, dos entusiastas del turf se reunían cada mes para imaginar cómo sería el futuro de la actividad. Por entonces, ayudados por cierta data, profetizaban que los celulares reemplazarían a las tribunas físicas y a las ventanillas de apuestas. El Smartphone, el 3G hicieron más por el turf de lo imaginado. Imaginarse cómo será el turf del futuro o ayudar a construirlo hoy es la cuestión. Japón probablemente llegue primero.
Mientras tanto, por la Ruta 8 y otras van y vienen tráilers cargados de yeguas de cría para tomar servicios en los haras. Ese tráfico podrá servir de termómetro para medir si habrá más o menos nacimientos de productos el año que viene.
Padrillos nuevos, consagrados, comerciales, importados ya comenzaron a hacer lo suyo. En once meses empezará a verse sus productos. En 2030 algunos correrán el Pellegrini.
Podrá avanzar Internet, podrá crecer la Inteligencia Artificial, pero los SPC seguirán naciendo del método tradicional, el que usaba Federico Tessio y todos los criadores antes y después. ¿Cómo impactará la IA en el mundo de las carreras? Aquellos dos que se juntaban frente al bar de Bouchard y Tucumán lo están pensando. De hecho, ya hay programas basados en IA que predicen los ganadores de cada carrera. Y en buena medida aciertan. El futuro ya llegó. No sigamos perdiendo tiempo.


























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