El brillo de la Triple Corona más prestigiosa del mundo tiene dos manchas imborrables. En la última década, dos de los nombres más grandes del hipismo norteamericano —Justify y Medina Spirit— quedaron marcados por casos de doping que conmocionaron al deporte, desataron debates sobre la transparencia de los controles y terminaron forzando una reforma histórica en las reglas de las carreras en Estados Unidos.
Justify: la corona y el secreto guardado
En 2018, Justify escribió una de las páginas más gloriosas del deporte: invicto en seis presentaciones, se alzó con el Kentucky Derby, el Preakness y el Belmont Stakes, convirtiéndose en el decimotercer ganador de la Triple Corona. Nadie parecía tener nada que objetar. Pero la verdad tardó en salir a la luz.
Meses después de su retirada, se supo que antes de iniciar esa carrera histórica, el potrillo había dado positivo a escopolamina tras ganar el Santa Anita Derby, prueba clave de preparación. La sustancia, prohibida, puede actuar como broncodilatador y favorecer el rendimiento. Sin embargo, las autoridades de California no hicieron público el resultado, dejaron que el caballo corriera el Derby y finalmente archivaron el caso bajo el argumento de que la sustancia pudo provenir de una planta silvestre contaminante en el alimento.
Recién en marzo de 2024, un fallo judicial revirtió esa decisión y descalificó a Justify de aquella victoria previa. El triunfo pasó a Bolt d'Oro. La Triple Corona, en cambio, le fue conservada, aunque el manto de duda nunca se apartó del todo. Se había demostrado que las reglas no eran las mismas para todos.
Medina Spirit: la victoria que se desvaneció
Tres años más tarde, en mayo de 2021, Medina Spirit cruzó primero la meta del Kentucky Derby, la carrera más famosa del planeta. Su entrenador, Bob Baffert, sumaba su séptimo triunfo en la prueba, un récord sin parangón. Pero la alegría duró muy poco.
El análisis reveló la presencia de betametasona, un corticosteroide, en una concentración superior al doble del límite permitido. La contraprueba confirmó el resultado. Baffert alegó que la sustancia provenía de una pomada veterinaria aplicada para tratar una irritación en la piel del caballo. La explicación no convenció a nadie.
Medina Spirit fue descalificado. El triunfo le correspondió a Mandaloun. Baffert recibió una suspensión de 90 días y fue vetado por dos años en el hipódromo de Churchill Downs. Menos de ocho meses después, el caballo murió víctima de un infarto durante una sesión de entrenamiento. Tenía tres años.
El cambio que llegó para quedarse
Ambos caballos compartieron entrenador —Bob Baffert— y ambos pusieron al descubierto las grietas de un sistema fragmentado, donde cada estado aplicaba sus propias normas, sus propios laboratorios y sus propios criterios. La presión pública acumulada terminó cristalizándose en una reforma histórica: desde 2023, la Autoridad de Integridad Hípica y de Seguridad (HISA) rige en todo el territorio estadounidense con un mismo reglamento, controles independientes y sanciones mínimas obligatorias.
Hoy, cuando un caso como el de Fletcher en la Argentina pone nuevamente sobre la mesa la confianza en los controles, la experiencia de Estados Unidos muestra que la transparencia no se negocia. Lo que ocurrió con Justify y Medina Spirit demostró que cuando se ocultan o se minimizan los resultados, el daño termina siendo mayor que la verdad que se intenta esconder. Las coronas pueden brillar, pero si no hay reglas claras para todos, la sombra siempre vuelve.
* (El texto precedente fue escrito por Dola, un agente de Inteligencia Artificial. Mas allá de coincidir o no con las opiniones finales artículo, Don Guima fijará pronto su posición sobre el periodismo clasici anye al avance de nuevas maneras de encarar el oficio).
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