- El rey de Longchamp. Daryz, bicampeón del Arcoi
No es algo que pase todos los días. Es lo infrecuente.
Ganó el año pasado. Ganó ahora. Dos veces seguidas. No ocurría lo mismo desde 1977 y 1978, cuando lo hizo Alleged. Cuarenta y ocho años esperando que un caballo repitiera. Daryz lo hizo.
Salieron dieciséis. La pista estaba firme. A las tres y cinco de la tarde, la partida.
No arrancó adelante. Viajó atrás. Lejos de la punta. Bay City Roller se escapó en la recta. Parecía que era su día.
Pero a doscientos metros del disco, Daryz apareció. Aceleró. Lo alcanzó. Lo pasó. Ganó por una un cuerpo y cuarto.
Mickaël Barzalona lo montó. Dijo después:
—Es un caballo excepcional. No todo salió como queríamos. Pero él es el mejor.
Francis-Henri Graffard, su entrenador, no lo podía creer del todo.
—Es un campeón. Tuvo suerte en el recorrido. Mi otro caballo, Varandir, quedó encerrado y no pudo salir
Su padre, Sea the Start, también ganó el Arco. De padre a hijo la misma hazaña. No se ve todos los días.
Es propiedad de los Haras del Aga Khan. Novena vez que la familia se lleva la carrera. Nadie tiene tantas.
Esta fue la última edición así. Desde el año que viene, los caballos castrados podrán correr. Muchos dicen que cambia todo. Otros, que no. Ahora se despidió la vieja regla con un caballo entero reinando sobre todos.
Treinta y cinco mil personas llenaron Longchamp. Llegaron en metro, en ómnibus, a pie. Había sombreros, vestidos, gente que viene de toda Europa. La carrera es también la fiesta.
Y entre todos, argentinos. Horacio Espósito, Juan Cruz Ramallo, Diego Zavaleta, Antonio Bullrich, Pablo Kavulakian y Pablo Díaz. Vinieron a verlo. Llevaronnnuestra mirada hasta allá.
Daryz tiene cuatro años. Corrió diez veces. Ganó nueve. Quedó segundo una sola. Supera los cinco millones de libras en premios. No se sabe cuánto más correrá. Lo que sí se sabe: su nombre ya no se borra.
El mundo miró a París. Y Longchamp respondió como siempre.


























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